¿Eres consciente de la importancia de la respiración para tu salud física y mental? Más allá de la relajación en momentos intensos, saber respirar ventilando completamente los pulmones y sintiéndolo a cada paso, te ayudará a sentirte más vital y en armonía. ¿Quieres descubrir cómo lograrlo? Lo averiguamos aquí.

La respiración completa y sus beneficios

El estrés o la ansiedad por las obligaciones diarias nos alejan de nuestros patrones correctos de respiración, reteniéndola y alimentando el desequilibrio energético.

Están constatados los efectos beneficiosos de la respiración profunda y relajada en nuestra salud física, mental y espiritual:

– Previene afecciones respiratorias como el asma.

– Mantiene alejadas la fatiga crónica y las migrañas.

– Favorece la circulación, como consecuencia del equilibrio entre el oxígeno, que alcanza a las células, y el CO2, que actúa como vasodilatador.

– Mitiga la sintomatología asociada a las enfermedades cardiovasculares.

– Libera tensiones y desaparecen sus secuelas, por ejemplo, las musculares.

– Alimenta la autoestima y la paz interior.

Pero para alcanzar esta oxigenación y reparación holística será esencial que practiques una respiración completa: llena progresivamente tus pulmones desde la parte baja (abdominal) hasta la más alta y estrecha (clavicular), sin obviar la intermedia (torácica).

No necesitas ser un experto en Anapanasati u otras disciplinas de meditación, solo debes liberar tu mente de las preocupaciones y la efervescencia de pensamientos. Fijar tu atención en la respiración, sintiendo cómo entra frío, circula por tu interior, sale caliente… te conecta con tu cuerpo y tu presente.

Reserva un momento cada mañana o antes de dormir, en un lugar tranquilo y silencioso, para centrarte en las secuencias al inspirar y espirar, retén el aire y percibe cómo tu cuerpo agradece esa energía contenida.

Las emociones y otros coadyuvantes de la respiración

¿Te has dado cuenta cómo los niños, de manera innata, contienen la respiración ante el miedo? Es un mecanismo de defensa por el que, al reducir la energía del cuerpo, sufren menos. Cada emoción conlleva una postura corporal y expresión facial determinadas. Lo mismo ocurre con la respiración, no respiras igual si estás nerviosa o si estás entusiasmada. La alimentación, el ejercicio físico regular o la digestión también intervienen en su profundidad.

Algunas personas son incapaces de realizar una respiración profunda. Viven en una permanente situación de alerta recurriendo, únicamente, a los músculos pectorales y los hombros para inhalar. Si te reconoces en este grupo, debes saber que el diafragma abre y cierre el canal energético consciente, distribuyendo la energía por el cuerpo. Ser incapaz de bajar el diafragma genera angustia. Precisamente, la respiración diafragmática es la más natural y sencilla, ya que consigue la máxima capacidad de oxigenación con el menor esfuerzo.

Si deseas cuidar tu salud y recuperar el equilibrio energético, enfoca tu atención en la respiración, cuéntala y visualízala. Requiere entrenamiento, pero los beneficios son significativos y duraderos. ¿A qué esperas para probarlo?